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                - RESPUESTAS   Abril 2017 -              

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            1) ¿Qué implica la resurrección de Jesús? (L4,3)

La resurrección y la vida eterna son el fin para el qué Dios nos ha creado. Sin resurrección no hay Cristianismo. Primero resucitó Cristo y luego resucitaremos nosotros.


2) ¿Cómo ha probado Dios el amor que nos tiene? (T38,1)

Dios nos ha probado el amor que nos tiene de esta manera: cuando éramos aun pecadores y estábamos alejados de Él, envió a su Hijo Único para morir por nosotros y reconciliarnos con Él. Si Dios ha llegado a tanto, piensa un poco en lo que puede hacer por ti ahora que ya le eres grato. Tal es el amor que Dios tiene hacia toda la humanidad.


3) ¿Qué dirección tomarían nuestras vidas sin la resurrección del Señor? (L67,1)

Nuestra vida no tendría sentido, nuestra fe seria vana ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado  sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios. No tendriamos la esperanza de una vida eterna. “Si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra predicación no tiene contenido ni vuestra fe tampoco (1ª Corintios 15,14). Y añade. “Si los muertos no resucitan, tampoco ha resucitado el Mesías, y si el Mesías no ha resucitado, vuestra fe es ilusoria y seguís en vuestros pecados” (1ª Corintios 15,16-17). Insiste: “Si la esperanza que tenemos en el Mesías es sólo para esta vida, somos los más desgraciados de los hombres” (1ª Corintios 15,19) Y concluye muy acertadamente: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos” (1ª Corintios 15,32; Catecismo de la Iglesia 638-655).


4) ¿Qué dice Isaías del descendiente de Abrahán que vendría a redimirnos? (L17,5)

Que Jesucristo cargaría con nuestras culpas y pecados sin merecerlo, sin haber maldad alguna en Él. La figura de Isaac llevando su carga de leña y atado sobre el altar del sacrificio nos recuerda a Jesús llevando su cruz y ofreciéndose por nosotros en el Calvario. Seiscientos años antes de Jesucristo un profeta deshacía las esperanzas de los judíos que anhelaban un descendiente de Abrahán glorioso y triunfador proclamando a los cuatro vientos. Isaías no s dice que todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, humillado y sin abrir la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de los hombres. Dándole sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida como expiación.


5) ¿De qué manera la muerte de Cristo en la cruz ha creado una humanidad nueva? (T34,5)

“Donde hay un cristiano, hay humanidad nueva; lo viejo ha pasado; existe algo nuevo”. Al vernos en la cruz crucificados con Cristo, nuestra vida toma un rumbo diferente. Con Cristo nos dirigimos a la inmortalidad de la resurrección.


6) Los judíos esperaban al Mesías, pero hubo algo que jamás se pudieron imaginar. ¿Qué es? (L55,5)

Que Dios se hiciera uno de nosotros, fuera y viviera de manera normal, que asumiría nuestra existencia con todas sus alegrías y dificultades, que pasara por uno de tantos, que después de ayudar a todo el que le necesitó, de dar la salud a muchos, de alimentarlos, de resucitar muertos, fuera él mismo condenado a muerte por hacer el bien y por identificarse con Dios Padre. Los judíos no tenían los ojos de la fe para ver las señales del Mesías esperado. Tenían ideas preconcebidas sobre Él y pese a la avalancha de pruebas que señalaban a Jesús como el Mesías, la mayoría de las personas que lo vieron y escucharon jamás creyeron en él, ni la gente ni muchos de sus seguidores. Pedro no podía entender que Jesús tuviera que morir, cuando les anuncia que debe sufrir, morir y ser resucitado, Pedro “lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo” (Marcos 8,31). En Jerusalén es aclamado como rey por las multitudes y unos días después piden su muerte. Tras la ejecución, dos de sus discípulos manifestaron su pesar con estas palabras: “Esperábamos que este fuera el que estaba destinado a librar a Israel” (Lucas 24,21). Los líderes religiosos se negaron de plano a reconocer a Jesús como el Mesías. “¿Qué hemos de hacer, porque este hombre ejecuta muchas señales? Si lo dejamos así, todos pondrán fe en él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar así como nuestra nación.” Tanto miedo tenían de perder el poder, que planearon matar a Jesús y también a Lázaro (Juan 11,45-53; 12,9-11). Los guías religiosos habían decretado que quien aceptara a Jesús como el Mesías tendría que ser “expulsado de la sinagoga”, un castigo que suponía el rechazo de la sociedad.


7) Si Cristo no resucitó, ¿qué consecuencias se derivarían (1ª Corintios 15,12-14)? (T31,3)

Pablo tiene que enfrentarse a un un problema que es realmente grave y es el de la Resurrección. Lo ha dejado para el final de la carta para que así lo tengan más fresco, ya que parece que lo último que lees es lo que más se te fija en la memoria. Les dice y nos dice: La base de nuestra fe está en "que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anuncian las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras" (1ª Corintios 15,3-4). "Sea yo, sean ellos, eso es lo que predicamos y eso fue lo que creísteis" (1ª Corintios 15,11). A Pablo le extraña que se ponga en duda la resurrección de los muertos y proclama con fuerza que "si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado, y si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra predicación no tiene contenido ni vuestra fe tampoco" (1ª Corintios 15,13-14). "Si los muertos no resucitan, tampoco ha resucitado el Mesías, y si el Mesías no ha resucitado, vuestra fe es ilusoria" (1ª Corintios 15,16-17). Este es el centro de nuestra fe. Si esto falla, el resto no vale nada, estamos engañados.


8) ¿Qué palabras de Pablo llenan de esperanza a la humanidad (1ª Timoteo 2,3-4)? (T50,2)

Pablo nos dice que Dios quiere que todos los hombres se salven, por eso envió a su Hijo.


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